Por Lizeth García Peña/ Tijuana Cultural
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El escritor Juan José ha transitado entre el teatro y la narrativa, aunque en sus inicios como creador se dio en las tablas, también ha experimentado en la narración, y todo parece indicar que se le dio bien, ya que su segunda obra ya obtuvo el Premio Estatal de Literatura 2014 en la categoría de novela, con el libro Parecía que la empujaba el viento.
Originario de Tepic, Nayarit, Luna es autor de las piezas teatrales Rapsodia, Los Morenos, Aquel punto azul, Santini y Cardini, El Ciruelo Matilda. También ha dirigido más de diez obras teatrales, entre las que destacan Mades Medus, Matilda, Los monólogos de la vagina, Anacleto Morones y Malas palabras, y se suma su primera obra narrativa 303, publicada en el 2014.
En entrevista con Tijuana Cultural, Juan José Luna habló sobre las diferencias entre crear  teatro y narrativa; lo que le implica montar una obra y la creación de historias desde la narración. También compartió sus lecturas y autores a los que siempre regresa y del por qué no incursiona en la poesía.
Luna ha sido acreedor a diversas becas para el desarrollo artístico y literario. Actualmente es catedrático de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Baja California.

Tu trayectoria en la Literatura ha sido principalmente en el teatro, el más sólido, y has incursionado en la narrativa ¿Qué son para ti el Teatro y la Narrativa? ¿Cómo son estos dos ámbitos para ti?
Tengo más experiencia en el teatro, como narrador apenas tengo unos años; mi primer libro de relatos se publicó el año pasado, 303.
Son dos ámbitos distintos para trabajar. El teatro es público, tu solo no puedes hacer teatro, necesitas de una persona más por lo menos; si vas a ser el actor, necesitas del público; necesitas escenografía, vestuario. Escribir es algo totalmente individual, eres tú y un cuaderno, tú y tu computadora, tú y tus libros.
La dramaturgia se hizo para hacer teatro, siempre aspira a ser teatro, un espectáculo. Se cree que el género que menos se lee es la poesía pero no es cierto, el que menos se consume es la dramaturgia. Cuando estaba más activo leí dramas, pero es algo que no disfrutaba. A diferencia de leer narrativa que está para que la leas, no necesita más, ya es palabra, pero la dramaturgia no, quiere una luz, un actor, quiere un director.
Has incursionado como actor, director y dramaturgo. De estas tres facetas ¿cuál ha sido el más placentero, el que más te gusta? 
El más orgánico es la dirección. Es algo que se me dio, no fui a la universidad  para ser director, se me dio relativamente fácilmente; resultó fácil imaginar una escena, discutirla con los actores y ponerla en el escenario tal y como la quería. La comunicación fue muy fácil para mí, trasladar ese concepto abstracto que tenemos en la cabeza a lo físico, a lo real, a lo tangible. Cuando estoy dirigiendo el tiempo se me va muy rápido.
Con la dramaturgia siempre fue algo más técnico, pesado; las obras que he escrito, que no son tantas (seis), fue muy pesado. Escribí dramaturgia porque quería montar una obra, que era lo que me apasionaba, dirigir teatro, no necesariamente escribir teatro…
Y la narrativa es una belleza. A diferencia de la dirección, como narrador sí me tuve que construir, tuve que trabajar, fui a la universidad –no te hace narrador, pero te ayuda-, estoy leyendo, escribiendo; leí muchos temas, y en ese sentido lo disfruto mucho porque me construyo por medio de palabras, de ideas, de historias, de sonidos.
En ese camino de construcción como narrador ¿tienes algún escritor como base, que te inspire para hacer tu trabajo creativo?
Es difícil responder, son varios. No ha habido un autor que tenga un gran impacto en mí como Juan Rulfo, Pedro Páramo por supuesto. Cuando hice teatro, imitaba las formas de Rulfo, pero en la narrativa no. Un narrador que sí dije ‘quiero hacer lo que hace este hombre’ es Kafka, El Proceso en particular es un libro que me pegó. Cuando empecé escribir la novela Parecía que la empujaba el viento, acababa de terminar de leer El Proceso, quise retomarlo pero lo dejé porque si no iba a terminar haciendo una réplica, a ese nivel me impactó. Yo creo que Kafka sería uno de ellos.
…es uno de los autores que te sueltan las ideas, no tanto que los sigas, sino que suelten las ideas…
En ese sentido, sería Alessandro Baricco, creo que es uno de los autores más ingeniosos que tenemos. Las ideas te iluminan. Esas burbujitas mentales me las provoca la literatura de Baricco.
¿Tienes autores a los que siempre regresas?
A Baricco lo acabo de releer; Juan Rulfo por supuesto; Roberto Bolaño, aunque no lo pienso releer todo porque, por ejemplo 2666 son más de mil páginas, pero a quien frecuento por páginas es a Baricco, la imaginación, la manera de resolver las cosas, me gusta. Es muy novelesco, sus novelas son una aventura; a mí la novela me gusta en ese sentido, que se vuelva una aventura, no solo es narrar por narrar, que hay grandes narraciones que carecen de trama, yo todavía soy más conservador, todavía aspiro a una novela que tenga aventura: al héroe que va tras algo, se le complica y quiere salir de ellas, aunque no salga nunca, pero que estén pasando cosas, y eso lo tiene Baricco y Kafka.
La novela Parecía que la empujaba el viento, con el cual obtuviste el Premio Estatal de Literatura ¿Cómo fue el proceso creativo? ¿Cuánto tiempo te llevó escribirla?
La empecé escribir cuando estaba en la universidad, en el 2010, pero no podría decir que la escribí durante cuatro años, paré mucho tiempo. Dediqué un año trabajando constantemente, y hace dos año volví a retomar las doscientas y tantas páginas, le empecé a quitar y dejé lo que me pareció más importante.

¿Hay algún tema que te gustaría desarrollar próximamente, ya sea para narrativa o poesía? Aunque sabemos que no eres poeta, pero eres lector…
En poesía no, lo he intentado pero no soy poeta. He leído poesía por su carácter fonético, más que por las imágenes o lo que pueda decir, sino por su sonido. Si lo he intentado (escribir), por ahí tengo algunas ideas pero no…
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 ¿Es más difícil escribir poesía?
No se me da, créeme que lo intenté… a quién no le gustaría ser poeta. A lo mejor tengo mis prejuicios y no me dejo llevar como puedo hacerlo con la dirección o la narrativa, donde no me juzgo, no me estoy observando; me costó mucho trabajo no observarme en la narrativa, y eso no he podido hacerlo en la poesía, tienes que dejarte ir y divertirte. Dejarse llevar más por el impulso, por el inconsciente, es como en el faje sexual, hay que dejar las manos se vayan solitas ¿no?, si metes mucha la razón en el sexo no se da, hay que dejar que el cuerpo se vaya solo, así es la narrativa.
¿Qué significa para ti la palabra?
A lo mejor suena paradójico, yo creo que estudiar la palabra es una manera de aislarse, en un sentido de concentrarse, como estudiar las matemáticas. Al dejar el teatro y empezar a leer y escribir narrativa, me aíslo a estudiar la palabra… la palabra es lo que nos constituye, por medio de la palabra podemos darnos una idea más o menos clara de quiénes somos.
Hay algo enigmático con el sonido,  tengo una cosa media rara con el sonido, no enfermiza pero algo obsesivo. La palabra no solo significa, también evoca, evoca ideas, sentimientos; el sonido inconscientemente nos va a estar evocando ideas, por eso me gusta. En un principio, cuando empecé a narrar, se trataba de contar historias, ahora ya no solo se trata de eso, es algo que va más allá, como por qué usar una palabra y no otra, y piensas que tal vez pudiste utilizar otra palabra solo por el sonido, aunque pudo haber significado lo mismo pero evocar otra cosa.